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domingo, 1 de noviembre de 2015

Armas de fuego.

  Hoy he leído mil y un poemas de amor, y sólo he podido pensar en ti.
  Hoy he disparado a mil y una personas con un arma llamada sonrisa.
  Y algunos ignoraban el disparo.
  Y algunos devolvían el disparo.
  Y otros morían; y otros vivían.
  Y cada una de las balas era una mirada tuya.
  Y esas miradas convertían mi risa en un arma de fuego; y, cuando se apagaban, cada una de tus lágrimas era mi veneno.
  Dulce antídoto llamado "tus besos". Peligrosa adicción, valiente adrenalina.
  Y entre toda la intensidad que formaban disparos furtivos y bailes rápidos entre venenos y antídotos, tan solo el caos de tu pelo me permitía volar. Y es que, cada vez que el viento lo elevaba, yo creía alzar el vuelo junto a él, y junto a ese perfume que me vuelve loca. Y es que, cada vez que el mar lo mecía, yo me transformaba en pez para nadar entre sus destellos dorados.
  Y tan brillante como el dorado sol era tu voz. Voz que sirenas habrían envidiado, voz que llenaba cada parte de mi alma y la hacía vibrar. Voz que devolvía vida a flores marchitas, y que amansaba a las más horribles fieras.
  Fiera en la que me convertía cada vez que te veía tumbada en la cama, con sábanas de seda descubriendo tus desnudas curvas. Pero nada hay más desnudo que mi corazón al verte. Nada puede estar más al descubierto que lo que siento por ti, querida mía.
  Nada, excepto la luz de la luna, cada vez que nos ve.

martes, 27 de octubre de 2015

XXII.

  Y despertar.
  Y verte a mi lado bajo un manto de estrellas.
  Y besarte; y que tus labios me sepan a luz de luna.
  Y que el firmamento navegue sobre nosotros como un barco veloz, en busca de cientos de secretos. Y ver esos ojitos verdes que tanto me gustan brillar bajo la rojiza luz del amanecer.
  Y respirar.
  Que tu olor me llene y me eleve. Que vuele, junto a ese barco fantasma que tripula por los cielos robando suspiros, y robar, para ti y para mí, una estrella.
  Y que su luz alumbre nuestro camino.
  Y que su calor, proteja nuestros abrazos.
  Para que nos guíe cuando nos perdamos, y nos vele cada vez que nos besamos.
  Porque te amo.
  Porque sin ti, el bosque de mi vida se convierte en muerte y ríos secos.
  Porque, si tu te vas, las estrella se apaga y me pierdo en la oscuridad del olvido, en el miedo de la soledad.
  Así que quédate.
  Quédate, y yo te lo daré todo.
  Prometo regalarte mi vida, miradas furtivas, encuentros a escondidas.
  Te daré cientos de besos, y por cada beso, dos abrazos, y por cada abrazo, dos sonrisas.
  Te susurraré poemas de amor al oído cada noche, solo para ver como se eriza tu piel, para sentir como un escalofrío te recorre, y para que tus ojos se inunden de emoción.
  Prometo cuidarte y respetarte. Prometo amarte y pensarte. Prometo escribirte trocitos de mí, y poco a poco, ser tuya. Y prometo guardar cada trocito de ti, para recomponerte cada vez que te rompas.
  Seré tu abrigo en el frío y tu baile en la lluvia.
  Seré tu salvavidas en la furia y tu barca en la calma.
  Esa música íntima que te acompaña en los momentos más tristes, y el frenesí de la emoción.
  Prometo amarte ante todo, y no abandonarte ante nada.
  Prometo que eres mi todo, y que sin ti, no soy nada.

sábado, 11 de julio de 2015

Ellas

  Me ordenan que escriba.
  Me gritan "crea, crea, ¡crea!"
  Me miran y me juzgan.
  Susurran, murmullan.
  Ellas se ríen, yo lloro.
  Cojo el bolígrafo, mi mano tiembla. ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo pensar?
  Intento huir, pero me persiguen. No me persiguen, se quedan. No se quedan, están. Viven dentro de mí. ¿O vivo yo dentro de Ellas?
  Risas, rechazos, sugerencias rotas y sacapuntas desmontados. Todo desmontado. Mi cabeza, mi vida, mi alma, mi mente. Lo han desordenado, está deshecho por su culpa. Han sido Ellas. ¡Dejad de gritar! Ya os obedezco, ya soy vuestra. Callad. Os lo suplico. Callad.
  Bombas. Explotan.
  Fuego. Dolor. ¡Ruido! Es son Ellas. Socorro. ¡Son Ellas! Otra vez. Como siempre. Siempre son. Nunca son. Siempre son.
  Me odian.
  Las odio.
  ¿O me aman?
  ¿O las amo?
  Están ahí. No están. Se han ido. Se han quedado.
  Nunca se las ve, pero siempre se las oye.
  Me han robado sin ser corpóreas; me han matado siento etéreas.
  Erróneos gritos; erróneas palabras.
  Hago lo que me piden, pero lo hago mal. ¿Lo hago entonces realmente?
  Entonces se enfadan, me asusto y se desmonta. Todo se desmonta. Sobretodo los sacapuntas. ¡Ellos siempre están desmontados! Agarro sus cuchillas, caídas todas ellas. Ahora Ellas susurran al compás: "hazlo, hazlo, hazlo y serás libre. Hazlo, hazlo, hazlo y serás libre. Hazlo, hazlo..." y lo hago. Obedezco. Siempre obedezco.
  Y una vez más, Ellas, las voces, ríen y se van, al ver a la muerte acercarse un poquito más.

domingo, 12 de abril de 2015

Oh.

  Una denuncia ante la ignorancia.
  Una defensa del dolor y la rabia.
  Un escudo para la guerra.
  Sentimientos oscuros, danzantes en un caos eterno. Desordenados, osados, hirientes, valientes.
  Caballeros del mal que a lomo de sombras galopan veloces hacia mí; pobre niña indefensa que en el suelo tirada lucha en vano por huir. Oh, cuan es la cantidad de miedo agazapado en ti.
  Como una serpiente se arrastra tras un surco de sangre y barro, hacia la lejana luz que al final del camino este ilumina. Cuan lejana se le antoja al alma herida, cuan cercana al alma vengativa.
  Alma vengativa que sobre ti el odio arroja, sucia joven desconocida, cuyo pecado fue ser necia ante los ojos de una vida oscura.
  Vida oscura, hogar de horribles monstruos, ¿tal es tu sed que a todo el que pasa ante ti vacías? ¿Tal es tu crueldad que a todo espíritu que atrapas a la fría muerte envías?
  Fría muerte que paciente espera su único alimento: almas en pena. Tan segura pareces, tan seductora te me antojas. ¿Qué dirás si hasta ti decido caminar? ¿Me aceptarás? ¿O por el contrario, de tu escudo me echarás?
  Escudo oscuro, me ofreces protección, pero a tal precio que a mi corazón haces temblar. ¿Valdrá la pena decir adiós y a ti acudir en busca de calor? ¿Será eso lo que el destino me depara?
  Destino. Fugaz destino. Pluma majestuosa en tu mano danza, bañada en sangre proveniente de animales que lloran, que piedad en vano imploran.
  Destino. Cruel destino. Nuestra vida controlas y nos haces sufrir; tu risa atrae a los peores demonios que la historia ha conocido. Te disfrazas de santo y nos prometes que la vida será una dulce canción, mas nuestro pecho atraviesas con una espada de dolor.
  Destino. Oh, destino. Cuan grande y poderoso luces ante mí. Cuan temido y arrogante. Lucha contra mí, oh, destino. Pues mi pluma alzaré, mi armadura de tinta será, y mi alma guerrera lucirá vestida de fuego; fuego sagrado alimentado de rabia, odio y dolor; de esperanza muerta, vida perdida y sangre derramada.
  Oh, valiente y osado destino, ¡mírame a los ojos y lucha si te atreves! ¡Acaba conmigo! Pero hazlo con lealtad y pureza. Termina esta guerra sucia e injusta demostrando que no eres tan solo un cuervo desplumado y medio muerto.
  Oh, destino; tramposo y mentiroso destino. Ven conmigo y caminemos al infierno sin mirar atrás.
  Pues, ¿te cuento un secreto? Tantos cortes vistieron mi figura que me alcé al cielo con tan solo un suspiro desolado. Y allí descubrí con pena y desespero que aquel no es mi lugar, que desentono como lo hace la niña dulce y mimada en una cárcel de alta seguridad. Y tras aquel fugaz vuelo a ti me rendí, mas comprendí que tan solo con papel y tinta, el mundo podría ser mío.
  Y tan mío es ahora que a ti te llevo, nada más y nada menos, a mi vera, seducido por palabras mágicas que te conducen por caminos muertos, los cuales se te antojan una alfombra roja, hacia la trampa mortal que te tendimos, amigo mío, cientos de guerreros poderosos y letales, a los cuales heriste con tus garras.
  Y hoy aquí, todos reunidos, recordando a nuestros hermanos caídos, te decimos: disfruta del resto de tu horrible eternidad, cruel destino.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Bailando con papel

  Me hago tantas promesas falsas que en vano me digo que cumpliré.
  Tengo tantos sueños tontos; tontos como a vida en sí. Sin sentido, sin argumento, solo porque sí, pero necesarios para vivir.
  Tengo tantas ganas de todo dentro, tengo tantas ganas de volver a sonreír.
  Tengo tantas ganas de todo dentro, tengo tantas ganas de volver a reír.
  Sentir el sol en mi cara; pasear y escuchar una canción.
  Tengo sueño de volar, hambre de viajar, sed de decir, "¡que os den!" y de volver a bailar con el bolígrafo y el papel.
  Quiero escribir y disfrutarlo, volver a expresarme y no morir. Y, ¿qué mas da si tiene sentido o no? Si, total, escribir es vivir, y la vida, ¿tiene sentido en sí?
  Porque ¿qué es la vida buscándole sentido a todo? ¿Pretendes pasar tu vida en un laboratorio; en una biblioteca buscándole respuestas a todo? Tal vez seas el que más sabe; tal vez seas el que todo lo entiende; tal vez vivas con la ilusión de que todo el saber te regalará la felicidad. Pero, ¿te cuento un secreto? Hay cosas que nunca comprenderás.
  El placer de dar un paseo por la playa, de sentir el mar acariciando tus pies.
  Lo agradable que es jugar con un animal, hablarle y verle feliz.
  La sencillez de un paseo bajo las copas de los árboles con el astro rey.
  El simple hecho de reírse a carcajadas cada vez que puedes, de comer tu comida favorita, de correr y correr como un niño que no cuestiona las cosas de la vida y que por eso la ve tan hermosa.
  Al fin y al cabo, ¿qué es vivir sin ser feliz? Tan solo un vagabundo sin rumbo entre la basura, que se ahoga con su propia sangre ante la idea de seguir vivo un día más; tan solo un agujero negro demasiado débil como para quitar de en medio el miedo y el dolor. Tan solo un cuerpo inerte que se mueve como un robot, sin nada por lo que luchar, sin nada por lo que vivir, estando muerto en vida...
  Al fin y al cabo, ¿qué es vivir sin ser feliz? Sin ver sonreír a esta persona que siempre va a estar ahí; a la persona del espejo que te vio nacer, y que te acompañará hasta fallecer.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Perderse.

  Me pierdo entre la melodía de una canción anónima; me pierdo entre las letras de una novela nunca escrita; me pierdo en el paisaje soñador de unas nubes con mil y una formas; me pierdo en ese río que corre y corre como un niño tras un gato callejero, tratando de atraparlo, de hacerlo suyo, jugando con la inocencia que tan solo posee una mente joven y que, oh, yo tanto envidio.
  Me pierdo en esta vida carente de sentido y sentimiento, buscando el calor de un abrazo ardiente, buscando el refugio de una mirada viva, de esas que ya no existen, y es en tus ojos en los que me pierdo, es tu abrazo el que busco y el que siento, y, dios mío, no te vayas.
  Me pierdo en por una calle desconocida que nunca nadie ha cruzado, me pierdo en esa calle que fue construida y olvidada y marginada e ignorada, la miro y observo y pienso que es bella, hermosa, enigmática, como ese rincón privado de una mente abierta, ese rincón que tan solo conoce su dueño, tan atrayente, tan oscura, tan peligrosa y hermosa... como una luna de fuego sobre un alma en pena, que le llama a su lado, y a él acude, sabiendo que va a quemarse, mas que una vida lejos de aquella luna sería tan, o incluso más horrible que consumirse lentamente entre sus llamas...
  Me pierdo, cegada por el fuego, resbalándome en el hielo, no entiendo nada, pero bueno, supongo que en el fondo ya me da igual. Ahora solo quiero correr y correr tras un globo río arriba, tumbarme en la hierba a descifrar mil y una formas, enamorarme de una canción anónima, ser la autora de una novela nunca escrita, descubrir cada esquina oculta de esa calle que es tu mente...
  Me pierdo, en esta locura transitoria, que se niega a marcharse, pues me ha cogido cariño y ahora quiere ser mi compañera, y ahora siempre me acompaña, y ahora no se marcha, y no quiere marcharse; y aquí se queda, con la canción, las formas, el río, la novela, el misterio, la luna y tu mirada.

domingo, 26 de octubre de 2014

Guerra.

  Aquí estoy, ante un papel, intentando plasmar sentimientos en palabras.
  Aquí estoy de nuevo, viejo amigo, viendo pasar al tiempo, viendo como corre, como huye, desesperado, ansioso por huir... ansioso por huir de la muerte.
  Aquí estoy, fiel aliado, eterno compañero. Aquí estoy, pero no estoy. Aquí me encuentro, aunque ya me he ido, al igual que el tiempo. Los dos huimos.
  Los dos huimos; como antes, ahora y después.
  Los dos huimos de nuestros profundos temores, nuestros grandes miedos, tan diferentes y opuestos, mas tan perecidos y complementarios.
  Aquí estoy, querido amigo, viendo como el tiempo huye de la muerte, mientras yo huyo de la vida.
  Pues él teme el fin, el vacío; mientras que yo temo del sentimiento, de que todo siga.
  Aunque de poco sirve huir, pues no hay escapatoria.
  No hay posible huida.
  Tan solo podremos correr, correr, correr... tan solo podremos correr hasta caer rendidos, hasta que nos falte el aliento.
  Y entonces solo nos quedará luchar.
  Tan solo podremos, llenos de obstinación, ponernos en pie y, con el corazón empuñando la espada, enfrentarnos a nuestra peor pesadilla.
  Y la batalla estallará.
  Y se hará la guerra.
  La guerra más formidable que el mundo haya visto jamás.
  Será noble, imponente, intensa. Será larga, mas fugaz.
  Habrá honor, llantos, traiciones. Sangre y muerte. Esperanza y vida.
  Y una espada se alzará, reluciente, al firmamento.
  Y una espada poderosa, orgullosa, se posará sobre un cuello, perteneciente a un cuerpo tembloroso.
  Y cuando esa espada, blandida por un espíritu victorioso, se disponga a poner fin a la guerra... caerá.
  Caerá, pues su portador entenderá, al fin, que esa absurda guerra estuvo sentenciada desde el principio.
  Y así pues, un alma antaño rebosante de gozo y júbilo, se entregará a su destino.
  Y su peor pesadilla le ahogará.


  Y aquí estoy, tratando de nadar.
  Aquí estoy, luchando por crear un salvavidas de papel y tinta.
  Aquí estoy, narrando en sangre la guerra que se vive cada día en mi interior.
  Aquí estoy. Aquí estuve. Aquí estaré.
  Y así voy a seguir.
  Plasmando mis sentimientos en fuego, para después arrojarlos al enfurecido océano.
  Aquí estoy, a flote, intentando acallar el escozor de los cortes... esperando a que llegue la vida, y termine aquella muerte, que un día de grandeza y de miseria, se dejó a medias.