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jueves, 11 de abril de 2013

Los Secretos de las Nubes: El final

La palabra retumba dentro de mi como si fuera un martillo, golpeándome el corazón. «Sí».
Es un asesino. Joe es un asesino.
Empiezo a notar que todo da vueltas. Parpadeo varias veces, hasta despejarme.
¿Qué acaba de pasar? No lo sé. Es como si de repente me hubieran borrado la memoria.
-¿Qué? -Es lo único que puedo decir.
-¡Que sí! Fui yo, ¿de acuerdo?
¿Qué? ¿Qué él fue qué? Solo puedo fruncir el ceño.
Pero entonces los recuerdos me golpean como si fueran una enorme maza tratando de derribarme. Intento gritar, pero no puedo.
-Asesino... -Murmuro.
-Lo sé- responde en voz baja, casi inaudible. Es casi como... si se pudiera sentir el dolor y la culpa que siente. Pero no, no es posible. No lo habría hecho -pero tenía razones para hacerlo- prosigue. No me creo lo que oigo.
-¿Razones? ¿Qué razones puedes tener para matar a alguien?
-Razones más que comprensibles. Yo... solo espero que puedas perdonarme.
-¿Qué? -estoy incrédula- te conozco desde ayer, me dices que me quieres justo antes de confesarme que eres un asesino, ¿y aún esperas que te perdone? ¡Estás loco!
Reina el silencio, pero algo dentro de mi grita. Grita de rabia, de dolor y de miedo. 
Rabia, lo por la maravillosa persona a la que acaba de perder al descubrir la verdad.
Dolor, por lo que empezaba a sentir por ella.
Miedo, por lo que le pueda hacer.
-¿Venís o qué? -La voz de Dianne me sobresalta. 
Dejo de pensar, simplemente actúo por instinto de supervivencia. Tengo que alejarme del asesino. 
Agarro a Dianne del brazo y echo a correr, arrastrándola tras de mi. 
-¿Pero qué haces? -pregunta, notablemente cabreada. Intenta soltarse, pero no le dejo. Por encima de su hombro, veo a Joe mirándome fijamente, con gesto serio.  Espera, ¿qué acabo de hacer? ¡Es un asesino! ¡Está loco! ¿Y si ahora me mata por huir de él? ¿Debería haberme quedado? ¿Debería haber hecho como si le perdonara y avisar disimuladamente a la policía? Oh, Dios, voy a morir. Y puede que Dianne también. Me odio, ¿por qué no lo pensé antes? Ahora ella y yo moriremos. 
-¡Eh, oye! ¿Se puede saber por qué has hecho eso?- Exige saber Dianne. Me quedo muda. ¿Qué le voy a decir? "Pues verás, Joe, ese chica tan encantador que está detrás tuya en realidad es un asesino, y puede que ahora por mi culpa nos mate a las dos". No, no, no puedo decirle eso. Espera, ¿detrás suya? 
Efectivamente, ahí está. Casi se me para el corazón. ¿Cuando a venido? ¿Qué nos va a hacer? Estoy preparada para volver a echar a correr cuando Joe, con voz calmada, explica:
-Dianne, vete con Ana. Va a ser lo mejor. A sido un placer conoceros, adiós.
Veo la incertidumbre en la cara de Dianne, y prácticamente puedo sentirla reflejada en la mía. Sinceramente, me esperaba algo más violento, o sangriento o... lo que sea típico de un asesino; sin embargo, él se va, tranquilamente, sin mirarnos. ¿Ya está? ¿Ya a pasado? Siento una oleada de alivio y de duda a partes iguales. Estamos vivas, pero solo de momento. ¿Cómo sé que no se va para pensar cómo matarnos? ¿O que ya lo ha pensado y está llevando a cabo su plan? Me estremezco al pensar en la infinidad de cosas que pueden pasar por la mente de un psicópata.
-No entiendo nada...- susurra Dianne. 
-Es lo mejor- respondo. Sorprendentemente, no hace más preguntas.
Después de esto, a ninguna de las dos nos apetece seguir visitando la ciudad, por lo que nos vamos a casa.

Los siguientes días transcurren con normalidad. Acabo descartando la idea de que Joe quiera matarnos, pues no tiene razones por las que hacerlo y, algo dentro de mi, no sé el qué, hace que me crea que de verdad tenía sus razones para asesinar a ese hombre. Casi me he olvidado de él cuando, a dos días de viajar a Pisa, me lo encuentro.

Algo parecido a un calambre helado me recorre la espalda cuando nuestras miradas se cruzan. Rápidamente, cambio de dirección. Pero me persigue.
Acelero el paso poco a poco hasta acabar corriendo; pero él es más rápido que yo y no tarda en alcanzarme en un callejón. Mi grito se eleva por las desiertas calles, pero nadie lo oye.
-Shhh -me susurra al oído- no te voy a hacer nada, solo quería hablar.
¿Hablar? ¿Sobre qué? ¿Sobre cómo matarme? No, no, tengo que huir. Le pego una patada en la entrepierna con todas mis fuerzas, y casi puedo ver las estrellas que está viendo reflejadas en sus ojos antes de echar a correr. Esta vez no me persigue.

Llego al hotel sin aire en los pulmones, sudada y con lágrimas en los ojos; no sé si son por que se me han secado o por Joe.

En cuanto Dianne me ve se le borra el color de la cara.
-¿Qué te ha pasado?- Me pregunta viniendo hacia mi.
-Yo... -respiro- me he encontrado a Joe.
-¿Joe? ¿Él otra vez? ¿Se puede saber qué pasó?
Le miro a los ojos. ¿Se lo cuento? Ya le he ocultado demasiado tiempo la verdad, pero, si se la cuento, no me creerá. Aun así, decido hacerlo:
-Mira, Dianne, tengo que contarte una cosa, me creas o no. ¿Recuerdas todo el jaleo que nos encontramos el segundo día? -Asiente- ¿y recuerdas que Joe se quería ir? -Vuelve a asentir- pues bien, habían asesinado a un chico. Y Joe se quería ir por lo que ya sospecharás: él era el asesino; por eso me fui corriendo. Por eso he huido de él.
Guardo silencio para ver la respuesta de Dianne, y para respirar, pero ella ni se mueve, ni habla. Solo parpadea varias veces seguidas y sacude la cabeza, como si la tuviera embotada.
-¿Qué? -Dice tras un largo silencio. 
Espero a que se le aclaren las ideas. Entonces, vuelve a palidecer.
-¡Es un asesino! -Grita.
-¡Shhh! ¡Si nos oyen van a hacer demasiadas preguntas!
-¡Tenemos que denunciarlo! -Responde en un susurro.
-¡No! -Le digo- No podemos... Nos podemos meter en algún lío. -Me apresuro a aclarar. Ella me mira con gesto serio.
-No... No te gustará, ¿verdad?
La pregunta me pilla por sorpresa. ¿Qué si me gusta? ¿Joe? No, a mi no... ¿verdad? Aunque lo intento con todas mis fuerzas, dentro de mi empieza a formarse un torbellino de emociones completamente contradictorias.
-¡Ana! ¡Es un asesino! ¡No te puedes enamorar de un asesino! Estás loca...
-¿Te crees que no me doy cuenta?- Exploto. Acto seguido, me encierro en mi cuarto, luchando por contener las lágrimas. Acabo de confesar que estoy enamorada de un asesino.

Al día siguiente, recibo una carta.




                  Ana:                                                  

He intentado explicarte los motivos de lo que hice, pero
siempre acabas escapando, así que no me queda más remedio
que escribir esta carta. Espero que después de leerlos,
puedas comprenderme y perdonarme, dado a que no soy
capaz de estar un solo segundo sin pensar en ti.

 1)- Robó la joyería de mis padres, dejando a mi padre en el hospital, y a toda la familia sin nada que comer.
2)- Raptó a mi hermana, y la mató.
3)- A causa de todo esto, mi madre a cogido una grave depresión, por lo que también está hospitalizada.
4)- Mi hermano de 5 años y yo nos hemos quedado solos en la casa, sin ayuda de ningún tipo.

Espero que, después de saber esto, comprendas porqué le asesiné.
No creo que me respondas ni que me creas, pero te ruego a que me
contestes a una pregunta. Como ya sabrás, estoy enamorado de ti.
¿Alguna vez has sentido algo, por pequeño que fuera, por mi?

                                                                                                                      Joe.


Cuando leo la carta me quedo completamente inmóvil, asimilándolo todo poco a poco.
Recuerdo una noticia de una joyería atracada. Recuerdo al dependiente herido de gravedad; recuerdo a una chica desaparecida, más tarde muerta.
Recuerdo el dolor de Joe al confesarme su asesinato.
Le creo.
Como un autómata, cojo papel y un bolígrafo, y escribo:

                Joe:

Una vez leí en un libro que para enamorar a una mujer solamente
hacían falta siete palabras. En cada mujer, las palabras cambian.
Pues bien, en mi caso, esas palabras son:
 “¿Conoces los cinco secretos de las nubes?”

                                                                                                                     Ana                  


Con el corazón en un puño, bajo a la calle y envío una carta en la que no se lo que pone, pues no escribía yo, si no mi corazón.
Después, subo a coger las maletas y me dirijo al aeropuerto. 
De camino allí, lloro. 
Lloro por el hombre al que amo, el que me ha hecho sentir tanto en tan poco tiempo, el que me ha robado mi corazón al mismo tiempo que yo robaba el suyo.
Y al que nunca volveré a ver.

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