Páginas vistas en total

viernes, 24 de mayo de 2013

Lo que Dios No Entiende: Cuarta parte.

Escucho mi nombre. No sé si es si es producto de mi imaginación, pero la escucho. Proviene de una voz familiar; parece cansada. Poco a poco, abro los ojos. Al principio no recuerdo nada, y mi escasa visión no me ayuda a recordar debido a lo borrosa que es. Vuelvo a escuchar mi nombre. ¿A quién pertenece? Lo sé, sé a quien pertenece, pero el nombre se niega a aparecer en mi mente. Venga, solo un poco más, piensa Cupi... ¡Cupi! ¡Eso es! Dante, es él, no puedo estar equivocada. Él sabrá decirme lo que ha pasado.
  Intento llamarle, pero solo un gemido sale de mi boca; maldigo mi debilidad en silencio y empiezo a acumular fuerzas. Me concentro.
  Poco a poco, se me aclara la vista. Contemplo un cielo cambiante, todo colores claros. Blanco, verde, azul, amarillo... demasiado claros, me hieren la vista. Entrecierro los ojos instintivamente para protegerlos. Con un gran esfuerzo, giro la cabeza para mirar a mi alrededor. Veo a Dante arrodillado a mi lado, con expresión entre aliviada y preocupada. Le miro a los ojos, intento decirle que estoy bien a través de la mirada, pero no lo consigo. No estoy bien, estoy destrozada. Mi alma llora por la creación que acaba de perder, por no haber sido lo bastante buena como para ganar; y los ojos son la ventana del alma.
  Siento que una lágrima me recorre el rostro. Intento sonreír para hacer sentir mejor a mi hermano, pero algo que se sitúa detrás de él me llama la atención. Dos sombras luchan entre ellas, grandes, hermosas e imponentes. Dos sombras que quitan la respiración con tan solo verlas. Bailan rápidas y elegantes, fusionándose, perdiéndose en su calculada rapidez y su mortal pelea.
  Apenas soy consciente de que Dante también se gira; la pelea me ha hipnotizado completamente. Tanta belleza, tan siniestra, tan luminosa, tan oscura, tan destructiva, tan poderosa... En la pelea que determinará el final de la guerra. 
  Al fin y al cabo, no dependía de nosotros, solo éramos un obstáculo más. 
  Al fin y al cabo, todo se destruirá sin remedio.
  

  ¿Cuánto tiempo a pasado? ¿Cinco minutos, veinte? ¿Dos horas? ¿Dos días? ¿O dos años? Podríamos haber estado observando la pelea eternamente sin advertir el paso del tiempo, y sin que nadie ganara, pues son seres todopoderosos, nunca se cansan, nunca se rinden, y sus fuerzas totalmente igualadas les impiden proclamar un ganador, si no hubiera sido por la potente explosión que ha habido hace apenas segundos. Siento como la energía se me escapa de golpe en todas las direcciones y como la explosión se extiende, rápida y feroz, desde su núcleo. Es tan solo una décima de segundo, pero es suficiente; las sombras han desaparecido.
-¿Qué... qué ha pasado? -Pregunto con voz cansada, casi inaudible.
-No lo sé -responde mi hermano en el mismo tono.
  Estoy dispuesta a salir a buscar una respuesta cuando una pequeña figura se materializa lentamente frente a nosotros. Es una niña de unos cinco años increíblemente hermosa. Sus ojos son como el hielo y su pelo como el azabache. Su piel no es ni oscura ni clara. Viste un precioso vestido plateado; y de su espalda nacen unas hermosas alas doradas, que brillan casi con luz propia. Va descalza.
-Hola -dice con voz dulce -. ¿Sabéis lo que habéis hecho? -De repente ya no parece tan inocente. No ha cambiado, pero ahora la veo siniestra, amenazadora. ¿Qué habremos hecho?
-¿Qué? -Pregunta Dante. La niña, con sus ojos de hielo atravesándonos, responde:
-Adiós. - Y, antes de que podamos preguntar algo, la respuesta llega sola.
  Mientras toda la creación se destruye, lo comprendo: hemos destruido una guerra que mantenía vivo el universo; pues lo que hace posible que cada día los mortales se levanten y sigan adelante es esa pequeña gran lucha que hay en su interior, esa lucha entre el bien y el amor; de la que nacen todas las emociones que les regalan la alegría de vivir. Y, al destruir es guerra, hemos destruido la creación.




Fin



¡Hola, queridos lectores! En  primer lugar, quería disculparme por la tardanza en subir la última parte de "Lo que Dios No Entiende" y porque, en mi opinión, el final es bastante malo. Lo siento mucho, pero últimamente he estado preocupada por otras cosas y mis ganas de escribir y mi inspiración me han abandonado. Con el verano, espero ponerme las pilas y, aparte de mejorar, subir relatos más largos y más entretenidos.
En segundo lugar, quería decir que si os gusta este blog, por favor, me siguierais en el twitter @ParadiseDragons, que es la cuenta oficial del blog. 
Y, por último lugar, muchas gracias a todos vosotros por leerme y apoyarme. Especialmente a @Smiles_books, porque siempre ha estado ahí para apoyarme y leerme, y porque es una gran futura escritora.
  ¡Os quiero!

No hay comentarios:

Publicar un comentario