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domingo, 28 de julio de 2013

Cuando el agua canta

  ¡Hola, queridos lectores! Una cosa que me molesta mucho es que cuando subo una historia, siempre pido que me sigáis en @ImImagination porque es el twitter oficial del blog, pero no tengo ni la mitad de los seguidores de las visitas que he conseguido recibir. Por eso esta vez lo pongo al principio de la historia y no al final. Si tenéis alguna duda, podéis preguntar en http://ask.fm/RueSinsajo.
  Quería aclarar que no es un fafiction, aunque al principio lo parezca.
  También quería deciros que por favor, comentar. Se admiten opiniones personales, críticas constructivas o lo que queráis. Y que muchísimas gracias por leerme, de verdad. Espero que os guste la historia, y si es así, puede que haga segunda parte.
  Besos, Belén.







  Oigo gritos de euforia a mi alrededor. Yo ni siquiera tengo voz para gritar. No me lo puedo creer. ¡Estoy en un concierto de McFly! Dios mío, después de tantos años, ¡no me lo puedo creer! Todo el mundo a mi alrededor canta, incluida yo, al ritmo de "That's the truth". La música me corre por las venas, directa al corazón, que late al ritmo de la canción.
  Acaba y todo el mundo empieza a gritar. Los chicos anuncian que van a hacer su última canción, esta vez de verdad (ya lo han dicho unas cinco veces; ese es uno de los motivos por el cual soy Galaxy Defender), y comienzan a cantar "The heart never lies". Amo esa canción, siempre lo he hecho y siempre lo haré. Igual que al grupo.
  Cuando acaba, a pesar de todas las veces que han dicho que se van, cantan una más, a petición del público. "Love is easy". Pero, por desgracia, esa sí que es la última.
  Cuando me quiero dar cuenta, ya estoy en el coche comino a mi casa. ¿Por qué ha pasado tan rápido? Estoy feliz. Muy feliz. Al fin he cumplido mi sueño, me siento realizada.
  Estamos a unos diez minutos de casa, escuchando su último disco "Memory Lane: The best of McFly" y mi madre y yo vamos tatareando "Star girl", que es la canción que suena en aquel momento, mientras mi padre conduce. Es el día más feliz de mi vida.
  Llegamos a una enorme casa de campo situada junto a un río; aquí es donde pasaremos el verano. Tiene dos pisos, más sótano, garaje y desván.
  Bajamos del coche y nos dirigimos a la casa, que es de piedra, con ventanas antiguas repartidas por toda ella. Desde el punto de vista cinematográfico, esta casa es ideal para una película de miedo.
  Entramos y me voy a mi cuarto, que ya sé cual es. Llevamos aquí unas dos semanas.
  Entro en mi twitter, @ImImagination, y en mi ask, le echo una ojeada y contesto a todo. La pregunta que más me ha sorprendido, porque nunca me la han hecho, ha sido que ponga mi descripción física y mi nombre. He contestado:
 
"Me llamo Denna, aunque me suelen llamar Den. Tengo el pelo marrón y ondulado, por los hombros, y unos ojos completamente negros. De piel soy un poco morena, pero creo que se nota que soy española a pesar de mis rasgos. No soy demasiado alta."

  Después, entro en YouTube, pongo McFly y al cabo de un rato no puedo evitar cantar y bailar. Cuando ya llevo unas cuantas canciones y me canso, me siento a escribir en mi blog. Cuando decido que ya está bien por hoy, más que nada porque el sueño, me voy a dormir.
 

  Me despierto medio aturdida. Como veo que aún está oscuro, cojo el móvil para ver qué hora es. Son las cuatro de la madrugada.
  Intento volver a dormirme, pero no consigo conciliar en sueño. De repente, me parece escuchar la música más bella que he oído en mi vida. Al principio intento no hacerle mucho caso pero, después, se me hace imposible resistirme a ir en busca de su origen.
  Cojo un abrigo y salgo de la casa, así, en pijama. La música me lleva hasta el río. Miro minuciosamente en su interior, sé que la música procede de su interior, aunque no vea nada. Algo en mi interior me dice que me vaya, que debería estar en mi casa, pero lo ignoro. Cuando ya estoy a punto de rendirme (o debería, pues la música me tiene prendada y me resulta imposible hacerlo), veo algo. Es algo largo, ancho y anaranjado. Me parece ver algo negro flotando en ondulaciones un poco más adelante. Aparecen más. También tienen esas cosas alargadas de distintos colores, como en verde, azul, rojo, amarillo, rosa, blanco, plateado, dorado... y las mismas ondulaciones un poco más adelante, también de distintos colores y tamaños. Cuando se acercan más a la superficie, me doy cuenta de lo que son: sirenas.
  Esas "cosas largas" son sus colas, y lo que ondula es su pelo. Cuando sacan medio cuerpo a la superficie, me doy cuenta de que ellas son las que cantan. Creo que es imposible decidir qué es más hermoso; si su rostro o su canto.
  Una, la más cercana a mi, posa su cara a un par de centímetros de la mía. Sus pómulos están resaltados en su rostro. Tiene el pelo rojo como el fuego, empapado, y se le pega al pecho desnudo. Sus labios son como rubís, y tiene los ojos de verde intenso. No puedo evitar perderme en ellos, pues me recuerdan a la inmensa profundidad de un bosque al anochecer, salpicado de rocío, y su pálida piel es la luna llena que lo ilumina. Su cola, del color del oro más puro, me recuerdan a los dorados cánticos de los pájaros, que te hacen volar entre los árboles.
  Algo en mi interior grita que ahora mismo desearía no ser bisexual, que esto no va a acabar bien.
  Pero lo soy; por lo que, cuando aquella sirena, de la que he quedado totalmente prendida, coge mi cara con una suavidad que creía imposible entre sus manos, y la acerca más a la suya, no puedo evitar responder al dulce beso que me regala. Y, cuando con la voz más bella del universo, capaz de calmar la mayor de las tormentas y de controlar el más enfurecidos de los océanos, me susurra al oído "ven", me es imposible no dejar que me arrastre al agua junto a ella, aunque vaya a morir ahogada.
  Estar a su lado es lo único que deseo.


  Siento una fuerte presión en los pulmones. La cabeza me duele horriblemente, y no recuerdo nada de lo sucedido. O, al menos, no quiero recordarlo.
  Estoy en una cama dura, con un respirador. Las paredes son blancas. Hay una puerta, también blanca, con una pequeña ventana cuadrada. A través de ella, veo un pasillo y más habitaciones. Debo estar en un hospital. ¿Cómo he llegado aquí?
  Sé como he llegado aquí. Pero necesito negar que ha sido real. Seguramente lo habré soñado, y siendo sonámbula, habré ido hasta el lago.
  Pero yo nunca he sido sonámbula. Muy dentro de mi sé que ha sido real... El corazón se me acelera en cuanto recuerdo a la sirena, no lo puedo evitar. ¿Enserio me he enamorado de algo que se supone que no existe y que ha intentado matarme? Pero era tan hermosa... y su voz... Pero no, no. Yo nunca he creído en el amor a primera vista. ¿Pero y si...? Mi debate mental queda interrumpido cuando una enfermera entra en el cuarto. Es rubia con ojos grises, alta, y viste una bata blanca. Al verme despierta, sonríe.
-¿Cómo te encuentras? -Pregunta. Voy a contestar cuando me doy cuenta de que tengo el respirador. Le miro como pidiendo una explicación, y enseguida me dice:
-Puedes quitártelo.
  Obedezco y toso un poco. Después, contesto:
-Bien, creo.
  La enfermera me informa de que pronto me darán el alta y me dice dónde está el comedor, aunque no le hago mucho caso. Tengo la cabeza llena de sirenas.
  En especial de una.


  Los días siguientes son los más aburridos de mi vida. Me paso el día encerrada en el hospital, con la cabeza dándole vueltas una y otra vez a lo mismo. Y la comida está asquerosa. Pero, al final, el esperado día del alta llega.
  Cuando llegamos a la casa, en el corto camino que hay del coche a la puerta, no puedo evitar mirar al lago.
  Una vez en mi cuarto, solo quiero olvidarme de todo; cojo mi iPod y pongo rock. Cuando me despierto de mi sueño plagado de agua, sirenas pelirrojas y hospitales, sobre las cuatro de la madrugada, apago el iPod e intento dormir, pero no es tan fácil. Nada más pagarlo, empiezo a oírla. Es ella, sé que es ella. Algo me empuja a bajar, pero debo resistirme. Pero su voz... y la letra de la canción... me matan. Una lágrima cae por mi rostro. Es la canción más bonita, y a la vez, más triste que haya escuchado nunca. «Ya se cansará» pienso, dolida. Pero no es así. Canta toda la noche hasta el amanecer. Solo consigo dormirme cuando el canto cesa, para sumirme de nuevo en un sueño en el que ella es la protagonista.
  Pero esta vez la historia no es dolorosa, sino de amor. Y tiene una segunda protagonista: yo.


  Cada noche es igual, una nueva tortura. Canta desde que se pone el sol hasta el amanecer, y parece que únicamente yo puedo oírla. Aunque siento que la canción siempre se queda a medias. En ella narra la historia de dos amantes que luchan por encontrarse, hasta que lo consiguen. Pero eso no deberían hacerlo, no deberían verse. Sus razas les han estado engañando toda la vida, diciéndoles que la raza de su amante no existía. Y, ahora que están juntos, deberán luchar contra sus razas, unidos, e intentar sobrevivir. Cosa que no es tan fácil. Pero, cuando va a llegar a la parte donde empiezan a luchar, amanece y desaparece. Creo que nunca sabré el final.
  Los sueños son siempre lo mismo, historias imposibles que me muero por vivir. Las lágrimas recorren mis mejillas noche tras noche.
  Hasta que no puedo soportarlo más.
  Salgo de la casa corriendo cuando ya está amaneciendo, esperando que aún no haya desaparecido. Me tropiezo, aunque me levanto ignorando el dolor. Pero, cuando llego al lago, tan solo puede ver una cola dorada desaparecer. He llegado demasiado tarde.
  Vuelvo a la cama hecha polvo. Tras horas mirando el techo, consigo dormirme. Tengo que echar a mi padre y a mi madre varias veces de mi cuarto con la excusa de que me encuentro mal para dormir poder dormir algo. Duermo durante horas, y cuando me despierto, pasan de las cinco de la tarde. Voy, medio aturdida, al salón. Como no veo a nadie, les llamo a gritos, pero solo el viento responde. Estoy sola en casa.
  Como algo y me siento en el sofá a ver la tele, cuando suena el timbre. Cuando abro, me encuentro con una chica pelirroja de ojos verde intenso. Nada más verla me viene a la mente la sirena. Pero no, es imposible, ella era mucho más hermosa.
-Hola -dice.
-¿Qué?
-¿Puedo pasar?
-¿Quién eres? -¿Una desconocida quiere entrar a mi casa?
-Me he perdido, me llamo Venus.
-Pasa -. ¿Por qué le he dicho eso? ¡No la conozco de nada! Pero algo me impulsa a invitarla, a tratarle genial. Le ofrezco asiento y traigo algo de comer.
-¿De dónde eres Venus? ¿Cómo has llegado aquí? -Pregunto.
-Soy de Roma. Estaba haciendo turismo cuando me perdí. Llevaba horas caminando, pensaba que iba a morir. Hasta que encontré esta casa. Muchas gracias por dejarme entrar, de verdad. Lo necesitaba.
-No hay de qué -respondo. Siento la necesidad de hablar con ella, sobre lo que sea.- Yo una vez estuve en Roma, de pequeña. Me encantó, es preciosa. Lo que más me impresionó fue el Coliseo y la Fontana di Trevi, por su tamaño. Me los imaginaba mucho más pequeños.
-Oh, vaya. Sí, son preciosos, pero supongo que yo nunca podré apreciar su belleza completamente, pues los conozco desde pequeña y ya no me impresionan. Una pena, creo. Pero me encanta viajar, siempre que puedo lo hago. España es preciosa, llevo dos semanas aquí y me ha enamorado. No me canso de visitar todas las ciudades y pueblos.
  Le brillan los ojos. Francamente, es preciosa, y se le ve muy ilusionada. Nunca había visto España desde ese punto de vista, ¿tan bonita es? La verdad es que prácticamente no la conozco, no sería mala idea hacer turismo por las ciudades y por los pueblos.
-¿Cuántos países has visitado? -Le pregunto, para romper el incómodo silencio que se ha formado. La pregunta parece sorprenderle.
-Pues... esto... cinco.
-¿Cuáles?
-Eh... -Me da la sensación de que se está poniendo muy nerviosa. ¿Me habré tomado demasiada confianza?- España, China, Irlanda... Londres y Portugal.
-Bueno, ¿y qué piensas hacer? Como mis padres lleguen y te vean aquí me matan.
-Oh, vaya, lo siento mucho. ¿Te molesta que me quede un rato más? Solo necesitaba descansar y tomar algo.
-No importa, quédate todo lo que quieras.
-Pero tus padres...
-Al cuerno con mis padres. Ya se lo explicaré -. Las dos sonreímos. Qué rápido he cambiado de opinión.
  Y así continúa la tarde. Hablamos y hablamos de cosas sin sentido, hasta que empieza a anochecer.
-Qué tarde es ya -comento cuando me doy cuenta-.Ya está anocheciendo.
-¿Qué? ¿Ya anochece? -De repente, se asusta mucho. Abre los ojos como platos y se lleva las dos manos a ambos lados del cuello, en los que advierto cicatrices. Empieza a hiperventilar.
-¿Qué pasa? -Pregunto. La miro, impotente, sin poder hacer nada. Ella, por toda respuesta, sale corriendo de la casa sin ningún tipo de explicación. La sigo. Va camino al lago. ¿Pero qué hace? Se tira de cabeza, y, a continuación, cuando saca la cabeza del agua, la veo mil veces más hermosa que antes. El pelo se le ha vuelto más rojo, al igual que los labios, los ojos, más verdes, y la piel, más pálida. Ya no lleva la camiseta, y entonces la reconozco: es la sirena.
-Lo siento -me dice con la misma voz con la que canta todas las noches, esa voz tan hermosa que hipnotiza -. Pero tenía que conocerte. Yo... no pretendía matarte, de verdad. No sé en qué estaba pensando esa noche. Pero lo que sí que sé, es que desde entonces no puedo parar de pensar en ti y de odiarme por lo que te hice. Lo siento, lo siento mucho, de verdad. -Hace una breve pausa, pero, después añade, en un susurro prácticamente inaudible -Te amo.
  Me acerco, despacio, a ella, y me arrodillo en el suelo.
-Yo... -murmuro -Yo también te amo.
  Me besa. Es el mejor beso que he recibido en toda mi vida. Provoca que el corazón quiera huir de mi pecho por lo rápido que late, y que la piel se me ponga de gallina. Ya no existe nada, ni la noche, ni el lago, ni mi familia. Solo ella y yo. Y, de nuevo, me arrastra hasta el agua. Pero esta vez no me hunde, sino que me deja flotando en la superficie del agua, cantándome al oído.
  Ahora sé que la canción va por mi, por nosotras. Narra nuestra historia, razas que para la otra se suponía que no existían.
  Pero ahora tenemos que encontrar el final, y no sé si nos gustará.

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