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miércoles, 2 de julio de 2014

Fugaz

  Lo siento, pero esta noche rechazaré el placer de tu compañía.
  Esta noche solo seremos yo, la luna y una lenta melodía de piano.
  Una humeante taza de café, tal vez. Un baño caliente. Una sonrisa sin hogar.
  De todas formas, ¿para qué pedir más? Me conformo con un largo y solitario paseo a la luz de las estrellas, mientras la suave brisa veraniega me acaricia, como un amante perdido...
  Mi mente, adormilada, vaga por rincones insospechados.
  ¿Sabes? Hay tantas cosas fugaces en este mundo...
  Allá, a lo lejos, hay fuegos artificiales, que brillan, sobre el mar, sobre la arena. Iluminan la noche con su resplandor, pero se desvanecen para siempre... en cuestión de segundos.
  Mira, allí arriba. Hay una estrella fugaz. ¿Pido un deseo? No, es ya demasiado tarde. Tan embobada me quedé observando su luz, que ahora que no está, tan solo puedo arrepentirme de no haberla disfrutado lo suficiente.
  El sonido de las olas es mi única compañía. Ellas también son fugaces. ¿Por qué, oh, queridas, venís a mí con ese ímpetu, para después, a escasos centímetros de mí, romperos y desaparecer por siempre? ¿Por qué, oh, queridas, me dejáis con el voraz deseo de abrazaros y disfrutar de vuestro contacto con el de mi piel?
  Pasa un diente de león volando por mi lado. Intento atraparlo, pero... ya no está. Se ha ido, y mi mano está vacía, extendida, triste y desolada...
  Suspiro. Suspiro brevemente, y, cuando me quiero dar cuenta, ya no hay aire en mi interior. En vez de respirar, siento que me ahogo durante unos segundos... hasta que un aire, nuevo y distinto, que volverá a irse en unos pocos segundos, inunda mis pulmones. Y así es. Desaparece, para ser sustituido por uno nuevo. Una y otra y otra vez... y nunca se queda conmigo.
  Sigo caminando. Sobre mí, una anaranjada luz parpadea y se apaga, dándole a la calle un toque oscuro y espectral.


  Hay tantas cosas fugaces... pero, de todas ellas, tú eres la mejor. La peor. La que más cautiva y la que más duele.
  Recuerdo la primera vez que te vi. Recuerdo enamorarme de tus ojos; de tu sonrisa. De tus largas pestañas; tus finas facciones... de tus curvas, tan perfectas, y de tu voz, tan cálida.
  Recuerdo mirarte y sonreír. Tan solo sonreír, totalmente cautivada y hechizada.
  Recuerdo la primera noche que pasamos juntas. Y la segunda, la tercera... recuerdo cada momento vivido a tu lado, dándome vida; matándome lentamente.
  Rozarte la mano hasta agarrarla firmemente.
  Acariciar tu cuello con delicadeza.
  Besar los lunares de tu pecho y tu espalda.
  Recuerdo hacerte reír, y sentir que me elevaba al cielo, con tu mirada protegiéndome...
  Me dejó tan destrozada que te fueras, fugaz como la luz, y no volvieras jamás.
  Podría llamarte.
  Podría buscarte.
  Podríamos, tal vez, pasear bajo la luz de las estrellas, como dos enamorados distantes del mundo...
  Podríamos.
  Pero esta noche rechazaré el placer de tu compañía.
  Esta noche me iré a pensar en tus besos, mientras tu mente vaga por otros labios.
  Tan solo espero que me eches de menos.
  Aunque sea fugazmente.

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