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viernes, 5 de septiembre de 2014

Oh, mi amor.

  Vuelvo esta noche a serte fiel, como tantas otras pasadas, y tantas otras futuras.
  Vuelvo esta noche a ser fiel a la melancolía, a la dulce y amarga tranquilidad del dolor. Pues es un dolor un tanto especial, para que nos vamos a engañar.
  Es ese dolor que está pero no está, que su ausencia no olvidas, que su presencia no ignoras, mas no lo rechazas, si no que lo abrazas, pues es tu único compañero en la noche.
  Es ese tipo de dolor que te regala el corazón cuando sabe que algo que ama estará siempre ahí, pero que nunca podrá tenerlo de la forma en que él desea.
  Es esa especie de dolor resignado, que ya no te molestas por apagar; que tan solo disfrutas, como lo haces de una noche de soledad, o de una canción triste, o de un recuerdo feliz que te desgarra el alma.
  Que te genera cientos de preguntas fugaces.
  Y piensas. Oh, piensas tantas cosas... tantas cosas que no deberían acercarse a tu mente... y oh, cariño, dime, ¿cuándo nuestras palabras se tornaron tan frías? ¿Cuando las miradas perdieron su fuerza, su significado? ¿Y qué queda ahora? Tan solo cenizas, recuerdos confusos. Tan solo un dolor todavía latente en nuestras almas... en mi alma... pues la tuya ya no está a mi lado, ya no sé que sucede en ella. Ya no puedo disfrutar de su abrazo ni su protección, ni puedo regalarle todo mi amor, un amor que se transforma en clavos en mi interior al no encontrar salida, un amor no correspondido que me atraviesa de dentro afuera y me mata mientras nadie se percata...
  Y oh, mi amor, ¿volverás esta noche a por mí? ¿Volverás abrazarme, a besarme? ¿O estaré sola una noche más, con este dolor que no se va, con este dolor que no vuelve?
  Y oh, mi amor, ¿me estás escuchando? ¿Estás ahí? ¿Ya no te acuerdas de mí...? Te has ido, ya no estás, me has dejado sola como a un perro abandonado, esperando tu regreso, con la falsa esperanza de que todavía me quieres...
  Oh, mi amor...

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